Recuperando la autoridad que Dios te ha dado: Cómo caminar en el poder espiritual

En nuestros devocionales diarios del Estudio Bíblico en Grupo, nos estamos enfocando en aumentar nuestra fe. Nuestra meta es aprender a caminar en el poder de Dios.
Empecemos:
Como creyentes en Cristo, ya no nos pertenecemos a nosotros mismos; hemos sido comprados por un precio (1 Corintios 6:20). La preciosa sangre de Cristo es el pago de la redención que nos liberó del dominio de Satanás. Colosenses 1:13 nos dice: «Porque él nos ha rescatado del dominio de las tinieblas y nos ha trasladado al reino de su Hijo amado».
¿Qué significa que estuviéramos bajo el dominio de Satanás antes de venir a Cristo? ¿Cómo caímos bajo el control de Satanás en primer lugar?
Cuando el diablo tentó a Jesús en el desierto, Satanás llevó a Cristo a una montaña muy alta y le mostró todos los reinos del mundo y su esplendor. «Todo esto te daré», le dijo, «si te postras y me adoras» (Mateo 4:8) . Las Escrituras también declaran que la tierra pertenece al Señor (Salmo 24:1), por lo que la oferta de Satanás no debe entenderse como una propiedad equivalente a la de Dios. Más bien, la respuesta de Jesús sugiere que Satanás ejercía una autoridad real, aunque usurpada, en el orden mundial caído, razón por la cual Jesús, en otro pasaje, lo llama «el príncipe de este mundo» (Juan 12:31).
Esa autoridad se remonta a la Caída. Satanás engañó a Eva en el Jardín del Edén, y Adán decidió entonces desobedecer a Dios. La decisión de Adán sometió a la humanidad a la servidumbre del poder al que él obedeció.
Servimos a quienquiera que escuchemos y obedezcamos: «¿Acaso no saben que cuando se ofrecen a alguien para obedecerlo como esclavos, son esclavos de aquel a quien obedecen—ya sea del pecado, que conduce a la muerte, o de la obediencia, que conduce a la justicia?» (Romanos 6:16).
La intención original de Dios: el dominio humano y la administración
La humanidad no siempre ha estado bajo el dominio de Satanás. Cuando Dios creó a Adán, lo hizo a su imagen y le dio dominio sobre la Tierra. Dios dijo: «Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza, y que domine sobre los peces del mar y las aves del cielo, sobre el ganado, sobre toda la tierra...» (Génesis 1:26). La palabra hebrea radah, traducida como «señorear», significa gobernar o someter. Dios le dio a Adán la responsabilidad y la autoridad sobre toda la creación.
El rey David se hace eco de esta verdad en el Salmo 8:5-6: «Lo hiciste un poco menor que los ángeles y lo coronaste de gloria y honor. Lo hiciste señor de las obras de tus manos; todo lo pusiste bajo sus pies».
La palabra hebrea mashal («gobernante») indica que los seres humanos fueron creados como administradores, gobernantes o mayordomos de Dios sobre la tierra. El Salmo 115:16 agrega: «Los cielos más altos pertenecen al Señor, pero la tierra se la ha dado al hombre». El término hebreo nathan significa asignar un territorio. La tierra es el territorio asignado a los seres humanos para supervisar y cuidar (shamar —proteger y custodiar—).
La Caída y cómo la humanidad perdió su autoridad
En la Caída, Adán perdió el ejercicio justo de esta autoridad. Esto explica por qué Satanás pudo ofrecerle a Jesús influencia sobre los reinos del mundo (Lucas 4:6). Satanás estaba tentando a Cristo para que recibiera autoridad al margen de la voluntad del Padre y sin la cruz.
Debido a que a la humanidad se le confió la administración de la tierra y cayó en el pecado, la redención tenía que venir a través de un Hombre.
El Redentor tuvo que venir como el verdadero Hombre capaz de obedecer donde Adán falló. Cristo nació de una virgen, fue concebido por el Espíritu Santo y vivió sin pecado. Satanás no tenía ningún derecho legítimo sobre Él.
Cómo Jesús restauró nuestra autoridad espiritual
A través de la cruz, Jesús no eludió la justicia; la cumplió. Satanás utilizó a los líderes para llevar a Jesús a la cruz, pero como Jesús era completamente inocente, Satanás se convirtió en un asesino ante la ley divina. A Satanás se le quitaron las llaves de la muerte y del infierno (Apocalipsis 1:18). Condenado legalmente en los tribunales del cielo, el príncipe de este mundo fue expulsado (Juan 12:31). A través de su muerte y resurrección, Jesús recuperó la autoridad de la humanidad y restauró nuestra posición como administradores en el reino de Dios.
Aplicación diaria: Caminar en tu identidad restaurada
La auditoría de autoridad espiritual: Identifica un área de tu vida en la que te sientas abrumado o derrotado por la resistencia espiritual (por ejemplo, miedo persistente, conflicto relacional o letargo espiritual). Anota Colosenses 1:13 en una tarjeta. Lee en voz alta este versículo sobre tu situación actual, declarando que Jesús te ha trasladado a su reino.
Evaluación de la mayordomía: Génesis muestra que estamos llamados a ser mayordomos de la tierra bajo la autoridad de Dios. Haz un inventario de tus tres principales esferas de influencia (familia, lugar de trabajo, comunidad). Elige un área práctica en la que puedas ejercer hoy una mayordomía fiel, con gracia y orden.
Oración: Señor Jesús, gracias por pagar el precio más alto para rescatarnos de las tinieblas. Ayúdanos a comprender la autoridad restaurada que tenemos en Ti y a caminar con valentía como tus administradores hoy. Amén.
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