
¿Qué puedes llevarte al cielo?
En nuestras meditaciones diarias de los últimos días, hemos estado reflexionando sobre las recompensas que recibirá un creyente en Cristo cuando Jesús regrese y esta era malvada termine. Jesús enseñó que no debemos acumular tesoros en la tierra, sino en el cielo (Mateo 6:19). ¿Qué crees que puedes llevarte al cielo? Aunque esta lista puede no ser exhaustiva, se me ocurren tres ideas.
1) Podemos llevarnos a otras personas a quienes hemos ayudado a encontrar la vida eterna.
2) Podemos llevarnos las cosas que hemos aprendido, por ejemplo, la Palabra de Dios, impresa en nuestros corazones.
3) También llevamos el carácter de Cristo, en quien el Espíritu Santo nos ha transformado.
La parábola de las minas: invertir para la eternidad
Pensar en acumular tesoros en el cielo nos impulsa a reflexionar sobre cómo utilizamos nuestro tiempo, energía, talentos y dinero. Jesús, consciente de que su segunda venida se retrasaría, contó una parábola sobre un noble que emprendió un largo viaje para ganar un reino (Lucas 19:11-27). En esta historia, el noble dio a cada uno de sus diez siervos una mina, equivalente al salario de tres meses de un trabajador. Les dijo que hicieran negocios con el dinero hasta su regreso.
Ser «pragmáticos» para el reino
La palabra griega traducida como «poned este dinero a trabajar» (NVI) u «ocupad» (RV) es pragmateuomai, que significa hacer negocios, invertir o comerciar con el objetivo de obtener un rendimiento. La palabra «pragmático» proviene de este término griego. Ser pragmático implica abordar las situaciones con sensatez y realismo. Debemos considerar cuidadosamente cómo invertir nuestros recursos para maximizar el rendimiento para el Reino de Dios. Al comprender el carácter de nuestro noble, el Rey Jesús, debemos esforzarnos por invertir en lo que le importa. Él valora a las personas por encima de todo, por lo que debemos cultivar un corazón compasivo hacia quienes nos rodean si queremos edificar con oro, plata o piedras preciosas (1 Corintios 3:12). En la parábola, el primer siervo invirtió el dinero de su amo y obtuvo un rendimiento de diez minas a partir de la mina inicial. El noble respondió diciendo que el mayordomo no solo conservaría las diez minas, sino que también sería recompensado con diez ciudades. Este pasaje destaca una diferencia significativa entre la inversión inicial y la recompensa por el trabajo fiel.
La diferencia entre inversión y recompensa
Creo que las ciudades sirven como lenguaje metafórico para ayudarnos a comprender que nuestros esfuerzos por Cristo en este mundo pecaminoso, en particular la forma en que cuidamos de los demás, darán lugar a una diferencia significativa entre lo que invertimos y la recompensa que recibiremos en ese Día. Aunque no sé cuál será el premio, estoy ansioso por descubrirlo. Nuestro deber y privilegio es dedicarnos a la obra de nuestro Noble Maestro, utilizando nuestro tiempo, energía y recursos para expandir Su Reino. Como cristianos, solo somos viajeros y extranjeros en este mundo y debemos esperar con ansias la llegada del Reino de Cristo.
Si crees y confías en Cristo, entrarás en el Reino eterno. Tu entrada en el Reino de Dios no depende de tus obras, sino de recibir el don de Dios: la salvación en Cristo. Con la eternidad en mente, debemos invertir nuestros recursos en las personas.
Oración por una perspectiva eterna: Padre, ayúdanos a darnos cuenta de que cada día es una preparación para la eternidad. Haznos receptivos a lo que quieres enseñarnos y prepáranos para ese día. Gracias por cuidarnos hasta que llegue ese día. Amén. Keith Thomas
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