Jesús sana al hombre con hidropesía: una lección sobre la compasión frente a la tradición
- 20 feb
- 4 Min. de lectura

En nuestro estudio continuo de los actos sobrenaturales del Señor Jesús, llegamos a un momento impactante de confrontación y compasión en Lucas 14:1-6. Hoy nos centramos en la curación por parte de Jesús del hombre con hidropesía (lo que hoy en día se conoce como edema). Aunque este relato tiene lugar durante una tranquila comida sabática, revela una profunda tensión entre la fría tradición religiosa y el corazón de Dios. Al examinar este milagro, vemos cómo Cristo antepone la vida humana y la misericordia a las trampas tendidas por sus críticos.
1Un sábado, cuando Jesús fue a comer a la casa de un fariseo prominente, lo observaban atentamente. 2Allí, frente a él, había un hombre que padecía hidropesía. 3Jesús preguntó a los fariseos y a los expertos en la ley: «¿Es lícito sanar en sábado o no?». 4Pero ellos guardaron silencio. Entonces, tomando al hombre, lo sanó y lo despidió. 5Luego les preguntó: «Si alguno de ustedes tiene un hijo o un buey que cae en un pozo en día de reposo, ¿no lo sacará inmediatamente?». 6Y no tuvieron nada que decir (Lucas 14:1-6).
El escenario: una comida de reposo y una emboscada sigilosa
Lucas nos informa que Jesús fue invitado a cenar con un «fariseo prominente». Aunque los fariseos eran conocidos por oponerse a Cristo, Jesús seguía relacionándose con ellos durante las comidas. El término griego traducido como «observaban atentamente» sugiere que lo hacían sigilosamente, con el rabillo del ojo, posiblemente tratando de pillar a Jesús cometiendo alguna transgresión. Como era sábado, podría haber sido una trampa para desacreditarlo por curar, un acto que ellos creían que debía dejarse descansar ese día.
Entender la hidropesía: el hombre «ahogado» en su propio cuerpo
Examinemos la vida y el sufrimiento del hombre con hidropesía, ahora conocida como edema. Esta afección provoca la hinchazón de partes del cuerpo debido a la acumulación de líquido, lo que hace que parezcan grotescamente agrandadas. En cierto modo, se estaba ahogando en su propio líquido corporal. El edema suele ser consecuencia de una insuficiencia cardíaca, renal o hepática. Dada su condición, estaba cerca de la muerte. Lucas no especifica qué partes de su cuerpo se hincharon, pero era obvio para todos los presentes. Si se le habían hinchado las piernas, le habría costado caminar o mantenerse de pie. La multitud religiosa no mostró ninguna preocupación por él; solo lo veían como un medio para atrapar a Jesús. Jesús intuyó que se avecinaba una emboscada. El enfermo no era más que un cebo en la trampa de los fariseos. Los líderes religiosos creían en general que el sufrimiento y la pobreza de los pobres eran castigos de Dios.
El corazón de Cristo se compadeció de aquel hombre. Se mantuvo firme en su principio de que las personas son lo primero, enfatizando lo valiosas que son para Jesús. ¿Qué medida tomaría? La sala se quedó en silencio mientras Jesús respondía a su desafío. Los fariseos sostenían que ayudar a alguien en sábado solo era permisible si su vida estaba en peligro.
¿Es lícito sanar? Desafiando la indiferencia religiosa
Jesús desvió la atención de sí mismo hacia los fariseos y los abogados que lo observaban. Él tiene una forma de hacer preguntas que revela los verdaderos sentimientos de una persona. Mirándolos, les preguntó: «¿Es lícito sanar en sábado o no?» (v. 3). La palabra griega para lícito significa autorizado, permitido o apropiado. Jesús no estaba cuestionando si era legal según la ley de Moisés; estaba pidiendo su opinión sobre lo que era apropiado. Esta pregunta los tomó por sorpresa y no sabían cómo responder. Si condenaban la curación en sábado de este hombre que necesitaba ayuda desesperadamente, quedarían al descubierto sus corazones endurecidos, pero tampoco querían impedir que Cristo curara en sábado, pensando que lo habían atrapado.
Reconocieron que las Escrituras no prohíben los actos de misericordia durante el sábado.
4Pero ellos permanecieron en silencio. Entonces, tomando al hombre, lo sanó y lo despidió. 5Luego les preguntó: «Si alguno de ustedes tiene un hijo o un buey que cae en un pozo en día de reposo, ¿no lo sacará inmediatamente?». 6Y ellos no tuvieron nada que decir (Lucas 14:4-6).
El rescate: por qué la misericordia pesa más que el ritual
Jesús apeló a su sentido común abordando primero sus preocupaciones económicas. Les preguntó si, si los bueyes que utilizaban para arar cayeran en un pozo y se estuvieran ahogando, ¿no los rescatarían? Dando a entender que tendrían que comprar otro buey para reemplazar al que se había ahogado. A continuación, amplió su argumento: si su hijo cayera en un pozo y se estuviera ahogando, ¿no harían todo lo posible por salvarlo? El hombre que tenían delante se estaba ahogando en su propio fluido, y era el hijo de alguien. ¿No debería salvarse a este hijo de ahogarse? El pasaje termina con Lucas señalando que no tuvieron respuesta. Esto pone de relieve lo fría e indiferente que puede ser la religión falsa. Dios, por favor, líbranos de esas actitudes de indiferencia hacia las necesidades que nos rodean.
Continúa tu viaje...
Para más meditaciones diarias en la Biblia, haga clic en los siguientes enlaces:


Comentarios