Cómo experimentar una profunda intimidad con Dios: la meditación «Abba Padre»
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En nuestras meditaciones diarias de groupbiblestudy.com, nos centramos en el Espíritu Santo: quién es, cuáles son sus funciones y cómo podemos ser llenos de Él. Hoy nos enfocamos en comprender el papel del Espíritu Santo en la adopción y la intimidad.
Cambiando tu imagen predeterminada de Dios
¿Cuál es tu imagen «predeterminada» de Dios? ¿Es Él una figura distante, como un amo, que siempre está pendiente de que cometas un error? ¿O es un Padre a quien puedes acudir con alegría? La tarea principal del Espíritu Santo es cambiar esa imagen. Él quiere trasladarte de la categoría de «esclavo» a la de «hijo».
En Romanos 8 —a menudo llamado el «Everest» del Nuevo Testamento— Pablo nos dice que el Espíritu que recibimos no nos hace esclavos para que vivamos de nuevo en el miedo. En cambio, el Espíritu Santo lleva a cabo nuestra «adopción como hijos». Por medio de este Espíritu, clamamos: «Abba, ¡Padre!»
¿Qué significa «Abba»?
La palabra «Abba» era exclusiva de Jesús. En el Antiguo Testamento, a Dios nunca se le llamó «Abba». Es un término de intimidad radical, más o menos equivalente a «papá» o «querido Padre». No se trata solo de un título teológico; es una realidad que puede transformar una vida. No hay mayor privilegio que ser hijo de Dios. Si eres hijo de Dios, ser rey es un paso más abajo. Hemos sido acogidos en el reino de Dios a través de la muerte sustitutiva de Cristo en nuestro lugar. El apóstol Juan escribió sobre este privilegio, describiendo cómo somos adoptados en la familia de Dios cuando confiamos en Cristo:
¡Miren qué gran amor nos ha dado el Padre, que seamos llamados hijos de Dios! ¡Y eso es lo que somos! (1 Juan 3:1).
Una poderosa historia de la revelación del «Abba»
Consideren la historia de Mohammad Kamel, un hombre que alguna vez odió el cristianismo. Mientras intentaba burlarse de una oración cristiana, leyó las palabras «Padre nuestro». Quedó impactado. Como musulmán, le habían enseñado que Dios era un «supervisor distante» que nunca permitiría tal familiaridad.
Pero al susurrar esas palabras, una Presencia poderosa y reconfortante llenó la habitación, y una voz en su alma dijo: «Sí, YO SOY tu Padre». Se sintió como un niño que había estado perdido durante 23 años y finalmente fue encontrado. Escribe sobre la experiencia diciendo:
«Estaba completamente envuelto por la Presencia de Dios, abrumado por un Amor indescriptible. Este era el amor de Dios por mí: ¡un amor paternal, el amor de un papá! ¡Dios se presentó en ese momento, diciendo que era mi Padre celestial!
Esto es lo que el Espíritu Santo hace por ti. Él «da testimonio a nuestro espíritu de que somos hijos de Dios» (Romanos 8:16). Él quiere que sepas, en lo más profundo de tu ser, que eres amado, aceptado y que estás a salvo. Si eres hijo de Dios, también eres heredero, coheredero con Cristo. No hay título ni posición mundana que se compare con el privilegio de ser hijo del Creador del Universo. Keith Thomas
Oración cristiana guiada de la respiración: 5 minutos para conectarte
Dedica hoy 5 minutos a la «Oración Abba». No traigas una lista de peticiones. Simplemente siéntate en silencio y di: «Abba, soy tu hijo».
Cómo aplicar la revelación de «Abba» a tu vida
Conocer a Dios como «Papá» intelectualmente es una cosa; sentirlo en lo más profundo de tu ser es otra. Aquí hay tres maneras prácticas de vivir esta revelación hoy:
Revisa tus pensamientos automáticos: La próxima vez que cometas un error hoy, fíjate en tu reacción interna. ¿Esperas inmediatamente un castigo (la mentalidad de esclavo), o buscas consuelo (la mentalidad de hijo)? Recuérdate a ti mismo con delicadeza: Soy un hijo, no un esclavo.
Deja de lado la oración «de actuación»: A menudo, sentimos que tenemos que formular nuestras oraciones a la perfección. Hoy, habla con Dios exactamente como un niño pequeño le habla a un padre amoroso: desordenado, honesto y sin pulir.
Descansa en tu condición: Recuérdate a ti mismo que tu valor no proviene de tu productividad, tu carrera o tu estatus. Aunque no hicieras nada más hoy, sigues siendo un heredero del Creador del universo.
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