top of page

6. God So Loved the World

Para ver más estudios bíblicos en español, haga clic aquí.

6. Porque Tanto Amó Dios al Mundo

Nacido de Nuevo en una Relación Matrimonial

 

El mismo Dios ha tomado la iniciativa de ir del Cielo a la Tierra para llamar a un cuerpo de personas a que se vayan con Él como en una relación matrimonial. Desde Génesis hasta Apocalipsis, la Biblia nos cuenta la historia del Dios Creador Quien ama tanto a la humanidad que Él ha ido a extremos extraordinarios para hacer un camino de regreso a Él desde la Caída en el Huerto del Edén. El Libro del Apocalipsis habla de los santos de Dios siendo llevados a una relación matrimonial con el Mesías (Cristo) por haber nacido de nuevo del Espíritu de Dios. Aquellos que son redimidos por el Señor se representan descendiendo del cielo como una esposa y como una ciudad:

 

Vi además la ciudad santa, la nueva Jerusalén, que bajaba del cielo, procedente de Dios, preparada como una novia hermosamente vestida para su prometido. Oí una potente voz que provenía del trono y decía: «¡Aquí, entre los seres humanos, está la morada de Dios! Él acampará en medio de ellos, y ellos serán su pueblo; Dios mismo estará con ellos y será su Dios (Apocalipsis 21:2-3 Énfasis mío).

 

Este mismo pensamiento de que la Iglesia es la "esposa de Cristo" también lo menciona el Apóstol Pablo en su ministerio de enseñanza. Pablo escribió: “El celo que siento por ustedes proviene de Dios, pues los tengo prometidos a un solo esposo, que es Cristo, para presentárselos como una virgen pura.” (2 Corintios 11:2). Dios ha revelado a la humanidad que esta unión matrimonial con Dios sólo puede tener lugar a través de un sacrificio sustitutivo. En el Antiguo Testamento, Él usó una imagen de un cordero inocente de la Pascua que tuvo que morir en el lugar del hombre para que Su pueblo fuera comprado de nuevo de la esclavitud en Egipto (Éxodo 12: 3-13). Después cuando los israelitas estaban vagando en el desierto, Dios les mostró que la única manera en que el hombre podía ser limpiado de su pecado y acercarse a este Dios Santo era a través de la sangre derramada de un animal sustituto sacrificado a su favor (Éxodo 29:44-45).

 

Todos los sacrificios por el pecado en el Antiguo Testamento estaban prefigurando el acto de amor más abnegado presenciado en todo el universo. El Dios Santísimo se convirtió en un Hombre que voluntariamente, y amorosamente, entregó Su vida como una ofrenda por el pago completo de la pena de muerte que nuestros pecados merecen. Somos comprados de la esclavitud del pecado y de Satanás por la sangre preciosa de Cristo, un Cordero inmolado sin mancha ni arruga (1 Pedro 1:19).

 

El Amante más Grande del mundo ha venido a capturar nuestros corazones a través del acto más grande de amor que el mundo haya visto, es decir, la terrible muerte de Cristo en la cruz del Calvario. Como si esto no hubiera sido suficiente, Él entonces, completó el mayor de todos los actos de amor, poniéndolo a disposición al mayor número de personas que lo reciben con la mayor cantidad de simplicidad. Es una obra terminada, y no podemos añadir nada de nuestra parte excepto de recibir el mejor de todos los regalos. Así como nada se puede hacer de nuestra parte para nacer en este mundo, nada queda por hacer aparte de confiar y creer. Esto fue lo que Jesus le explicó a Nicodemo, el fariseo, que en una noche muy calladamente visitó al Señor. Cristo declaró enfáticamente, “Tienen que nacer de nuevo" (Juan 3:7). Continuemos leyendo la conversación entre Jesús y Nicodemo mientras el Señor explica el don de Dios y cómo se otorga a aquellos que responden a Él por fe:

 

11 Te aseguro que hablamos de lo que sabemos y damos testimonio de lo que hemos visto personalmente, pero ustedes no aceptan nuestro testimonio. 12 Si les he hablado de las cosas terrenales, y no creen, ¿entonces cómo van a creer si les hablo de las celestiales? 13 Nadie ha subido jamás al cielo sino el que descendió del cielo, el Hijo del hombre. 14 Como levantó Moisés la serpiente en el desierto, así también tiene que ser levantado el Hijo del hombre, 15 para que todo el que crea en él tenga vida eterna (Juan 3:11-15).

 

La sencillez del Evangelio

 

En el último estudio, (Juan 3, ver 1-10), leemos que Nicodemo buscaba las respuestas de las preguntas difíciles de la vida: ¿cómo puede un hombre ser justo ante Dios? ¿Cómo se adquiere esta justicia? Cuando Jesús le dice que debe nacer de arriba o nacer de nuevo, Nicodemo dice: "¿Cómo puede ser esto?" (Juan 3:9). Su mente había sido entrenada desde su nacimiento en pensar sólo en términos de las cosas de este mundo. El Señor le había dado una simple analogía de haber nacido en este mundo, es decir, que nada se podía hacer de nuestra parte para nacer de la carne; asimismo, nada se puede hacer de nuestra parte para ganar el ser nacido de nuevo espiritualmente. Si les he hablado de las cosas terrenales, y no creen, ¿entonces cómo van a creer si les hablo de las celestiales? (ver. 12). Este punto de vista es similar a lo que Pablo escribió a la iglesia en Corinto:

 

El que no tiene el Espíritu no acepta lo que procede del Espíritu de Dios, pues para él es locura. No puede entenderlo, porque hay que discernirlo espiritualmente (1 Corintios 2:14).

 

Nicodemo, un hombre en el más alto escalón de la educación y de su profesión como maestro de Israel, ¡tiene dificultades para entender las cosas que Cristo le está enseñando! Nos recuerda que debemos ser un pueblo que escudriña las Escrituras y no toma la palabra de los hombres como verdad final—algunos hombres, incluso con todo su entrenamiento, no son capaces de entender las cosas espirituales a menos que el Espíritu abra sus mentes. Para abrir su entendimiento y mostrar a este fariseo de Israel lo sencillo que Dios ha hecho la salvación, El Señor le recordó parte de la historia de Israel, en un tiempo en el que Dios les enseñó acerca de la fe con simplemente mirar a una serpiente de bronce en un asta (versículo 14).

 

Echemos un vistazo más de cerca al pasaje en el libro de Números al que Cristo se refiere y veamos lo que podemos aprender:

 

4 Los israelitas salieron del monte Hor por la ruta del Mar Rojo, bordeando el territorio de Edom. En el camino se impacientaron 5 y comenzaron a hablar contra Dios y contra Moisés:—¿Para qué nos trajeron ustedes de Egipto a morir en este desierto? ¡Aquí no hay pan ni agua! ¡Ya estamos hartos de esta pésima comida! 6 Por eso el Señor mandó contra ellos serpientes venenosas, para que los mordieran, y muchos israelitas murieron. 7 El pueblo se acercó entonces a Moisés, y le dijo:—Hemos pecado al hablar contra el Señor y contra ti. Ruégale al Señor que nos quite esas serpientes. Moisés intercedió por el pueblo, 8 y el Señor le dijo:—Hazte una serpiente, y ponla en un asta. Todos los que sean mordidos y la miren vivirán. 9 Moisés hizo una serpiente de bronce y la puso en un asta. Los que eran mordidos miraban a la serpiente de bronce y vivían (Números 21:4-9).

 

Pregunta 1) ¿Cuál fue el resultado de sus quejas contra Dios? ¿Qué les ordenó Dios que hicieran para apropiarse de su sanidad, y cómo es esto similar a lo que Jesús le estaba enseñando a Nicodemo?

 

Las Escrituras dicen que muchos israelitas murieron (ver. 6). Es interesante que no se les dijo que capturaran una serpiente viva y la clavaran al poste, porque entonces eso simbolizaría que cada uno de nosotros morimos por nuestro propio pecado. El Señor no les dijo que salieran con espadas para matar a las serpientes. Dios ni siquiera les pidió que fueran hasta el asto, en caso de que fueran demasiado débiles. No había energía de la carne involucrada en absoluto. No se les dijo de alguna medicina que los curaría de las mordeduras de serpientes. No tenían que ir a servir a otros y así ganarse su curación. No, gracias a Dios por aquellos que sirven, pero la fuente de su sanidad fue su obediencia a la Palabra de Dios con una simple mirada de fe. Me pregunto cuántos de ellos murieron porque se negaron a recibir y seguir la simple provisión que se les dio. La respuesta para su salvación estaba justo frente a ellos, pero como algunos de nosotros hoy, quizás pasaron por alto la provisión de Dios porque era demasiado simple.

 

Estoy seguro de que algunas personas no podían entender la simplicidad de mirar lejos de sí mismos para mirar en la dirección de una serpiente de bronce en un poste en el centro del campamento. Tal vez algunos dijeron, "¿Cómo en la tierra puedo ser sanado con sólo mirar una serpiente de bronce en un poste?" La serpiente es un símbolo del pecado y el bronce era el símbolo del juicio. (El bronce era el mismo metal del cual se hizo el altar del sacrificio.) La imagen aquí es una historia hermosa en simplicidad. El pecado ha sido juzgado, y el que mira con fe a la imagen del pecado juzgado recibe sanidad. La analogía es típica porque el Apostol Pablo, al hablar de Cristo, escribió, “Al que no cometió pecado alguno, por nosotros Dios lo trató como pecador, para que en él recibiéramos la justicia de Dios.” (2 Corintios 5:21). Dios juzgó el pecado por el juicio que Cristo tomó para Sí Mismo. Por eso Cristo clamó desde la cruz: “Dios mío, Dios mío, por qué me has desamparado” (Marcos 15:34). Cuando Cristo estaba colgado en la cruz, nuestro pecado fue juzgado en Él. Él fue el sustituto sacrificial y el Cordero redentor. Debemos mirarle con los ojos de la fe para ser sanados de la dolorosa mordedura de la serpiente.

 

Los caminos de Dios son más altos que nuestros caminos. Si Él lo ha hecho tan simple como arrepentirse y mirar a la cruz, ¿por qué entonces no creemos y confiamos en Él? El profeta Isaías también habló de la simplicidad de ser salvo con sólo una mirada: “¡Miren a mí y sean salvos, todos los confines de la tierra! Porque yo soy Dios, y no hay otro (Isaías 45:22. Versión Reina Valera Actualizada. Énfasis mío). Esa Escritura fue usada por Dios para iluminar el camino de la salvación de Charles Spurgeon, el gran predicador británico. Él fue atrapado en una tormenta de nieve en su camino a la iglesia en Colchester, Essex, Inglaterra en 1850. Al no poder llegar a su iglesia tradicional, se detuvo en una pequeña capilla en el camino. El pastor de esa capilla no logró llegar a la iglesia ese día, así que uno de los ancianos de la iglesia se levantó y habló muy simplemente que uno sólo necesitaba mirar con una mirada fija, y fiel, al Salvador en la cruz y citar Isaías 45:22. En sus propias palabras, Spurgeon describió la experiencia. Dijo que el predicador ese día "se vio obligado a atenerse a su texto por la sencilla razón de que tenía poco que decir. Ni siquiera pronunció las palabras correctamente, pero eso no importó. Vi de inmediato el camino de la salvación. No sé qué más dijo. No le presté mucha atención. Estaba tan poseído con ese pensamiento. Había estado esperando hacer cincuenta cosas, pero cuando escuché esa palabra, ¡"Mira! Qué palabra tan encantadora me pareció... Allí y entonces la nube se había ido, la oscuridad se había ido, y en ese momento vi el sol; y pude haber resucitado ese instante, y cantado con el más entusiasta de ellos, de la preciosa sangre de Cristo, y la fe sencilla que lo mira sólo a Él. Oh, que alguien me hubiera dicho esto antes, "Confía en Cristo, y serás salvo.”

 

Charles Spurgeon había estado tratando de trabajar duro en su salvación y estaba convencido de la simple verdad de mirar a la cruz. Él nació de nuevo en esa capilla a la tierna edad de dieciséis años y a la edad de diecinueve años estaba predicando ante enormes audiencias. (En un momento, me pasé a vivir a la vuelta de la esquina de donde estaba esa capilla, en Colchester, Essex.)

 

No puedo explicar cómo una mirada al Salvador en una cruz quita mi pecado; yo sólo lo creo, y el poder de Dios ha cambiado mi vida. El Evangelio es el "poder de Dios para salvación de todos los que creen" (Romanos 1:16). No trates de resolverlo todo antes de dar ese paso de compromiso de corazón y alma hacia Él. ¡Simplemente abandona todo en Sus manos como un niño pequeño!

 

El motivo de Dios al hacer tan fácil el ser salvo es para que el número máximo de personas se vuelva a Él y sean salvo. La Biblia nos dice, “El Señor no tarda su promesa, como algunos la tienen por tardanza; más bien, es paciente para con ustedes porque no quiere que nadie se pierda sino que todos procedan al arrepentimiento. (2 Pedro 3:9 Énfasis mío). El motivo de Dios es el amor y la preocupación por el lugar en que nos ve. Él nos ve en el mercado de esclavos de Satanás, atados en pecado, y bajo el engaño espiritual del enemigo. Todo lo que Dios requiere es la mirada de fe hacia la cruz, el lugar del juicio del pecado.

 

Pregunta 2) ¿Qué significa creer la Buenas Nuevas? ¿Es eso una aceptación intelectual de los hechos, o es más que eso? ¿Qué crees que significa creer en tu corazón?

 

¿Qué Significa Creer? (ver. 15)

 

El término creer en español es el verbo de origen griego Pisteuō. La palabra significa creer, tener fe y confiar en la veracidad de alguien. Para ilustrar este concepto, permítanme darles una imagen de palabra aquí para describir este tipo de confianza. Imagínese al Señor Jesús yendo al castillo de la vida de un hombre que está completamente encerrado con el puente levadizo, cerrado para detener Su entrada. En las almenas sobre el "Castillo del Alma" están tres que deben decidir juntos si él puede entrar. La conciencia habla primero. Él dice a los demás: "Estamos en problemas, porque hemos roto las leyes de la tierra, y nos encontramos culpables de rebelión." En segundo lugar, la mente habla, diciendo, "Su ofrecimiento de un perdón gratuito si abrimos el puente levadizo es más de lo que podríamos esperar. Realmente deberíamos abrirle." La verdad es que es sólo la tercera persona que tiene el poder de abrir las puertas. La tercera parte de nuestra naturaleza interna se llama nuestra Voluntad. La Voluntad toma el consejo de los demás, pero sólo él tiene la mano en la palanca del puente levadizo. Cristo nunca forzará Su camino en nuestras vidas. Dios nos ha dado el don de escoger libremente. Creer y recibir a Cristo es un acto de la voluntad, no sólo una aceptación mental de los hechos del Evangelio.

 

A menudo hay una batalla que continúa dentro del alma de una persona cuando uno se confronta con las afirmaciones y el Evangelio de Cristo. El enemigo de nuestra alma susurra a la mente todo tipo de preguntas en un intento de persuadir a una persona para que no abra el puente levadizo. Sólo nosotros decidimos bajar el puente levadizo y permitir que Cristo entre en nuestras vidas y gobernar nuestro "Castillo del Alma''. Creer es un acto de voluntad.

 

Después de tomar en cuenta el testimonio de la mente y la conciencia, un hombre o mujer extiende la mano de la fe para conectarse con Dios, creyendo que Dios es fiel a Su Palabra. Si la gente somete su voluntad y confianza por fe en lo que Cristo ha hecho por ellos, nacen de nuevo o nacen espiritualmente de arriba. Una vez que se toma esta decisión de entregar nuestra vida a Cristo, Él promete que nunca nos dejará ni nos abandonará (Hebreos 13:5), pero uno tiene que decidir tomar su cruz diariamente y seguirlo (Lucas 9:23). Es una cuestión de voluntad caminar continuamente en los caminos de Dios. Entramos en una batalla que está con nosotros por el resto de nuestras vidas.

 

Sea consciente de que la mente es el lugar de una batalla espiritual que está furiosa. El enemigo de su alma quisiera que usted creyera que sus pensamientos tienen su origen en usted solamente. Esto no es verdad. La Palabra de Dios, tipificada por Jesús como semilla en la Parábola del Sembrador, es sembrada en el campo de nuestros corazones (Lucas 8, 4-15). El enemigo se caracteriza por los pájaros que roban las semillas antes de la germinación. En la Parábola del Trigo y la Cizaña (Mateo 13:24-26), también vemos a un enemigo sembrando sus semillas en suelo fértil. El corazón es el núcleo del ser interior del hombre, su espíritu, mente, voluntad y emociones (1 Tesalonicenses 5:23). No todos los pensamientos que vienen a tu mente nacen de ti. Las ideas vienen de tres fuentes diferentes: Dios, Satanás, y nuestros propios pensamientos. Lo que permitas que crezca allí y las decisiones que tomas en base a esos pensamientos cultivados que piensas, son en lo que te conviertes. Creer es una elección consciente de someter a Cristo todo lo que tienes y todo lo que eres. Cuando vienes a Cristo, ya no eres tuyo. Has sido comprado con un precio, la sangre derramada de Cristo (1 Corintios 6:20).

 

Pregunta 3). ¿Has experimentado este tipo de batalla en tu mente?

 

Quien Cree es Salvo

 

16 Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que cree en él, no perezca, sino que tenga vida eterna. 17 Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por medio de él (Juan 3:16-17).

 

Nicodemo se sorprende hasta la médula por estas palabras porque el Señor no dijo que Dios tanto amaba a Israel (lo cual Él hace); en cambio, Él dijo que Dios ama al mundo. No solamente los Judíos son llamados a ser salvos y entrar el reino de Dios, pero tambien la gracia es dada a “todo el que cree” (ver. 16). En este momento de su historia, los judíos religiosos pensaban que cualquiera que no se atenía a la versión farisaica de la Ley de Dios era un pueblo maldito: “¡No! Pero esta gente, que no sabe nada de la ley, está bajo maldición” (Juan 7:49). Esta salvación que viene a todo el mundo siempre ha sido el plan de Dios, desde el principio cuando hizo la promesa a Abraham: “Bendeciré a los que te bendigan y maldeciré a los que te maldigan; ¡por medio de ti serán bendecidas todas las familias de la tierra!” (Génesis 12:3). Dios ha planeado desde el principio llamar a un cuerpo de personas de Israel y de todas las naciones. Él no dejará a ninguna tribu, lengua o grupo de personas fuera de ser parte de Su Iglesia Mundial: “Después de esto miré, y apareció una multitud tomada de todas las naciones, tribus, pueblos y lenguas; era tan grande que nadie podía contarla. Estaban de pie delante del trono y del Cordero, vestidos de túnicas blancas y con ramas de palma en la mano (Romanos 15:26-27). Y por esta salvación, estamos muy agradecidos a los de la nación de Israel que nos ha traído esta buena nueva. Estamos espiritualmente en deuda con ellos (Romanos 15:26-27).

 

Juan 3:16 nos habla del amor auto-sacrificado de Dios. La palabra en Español "amor" es la traducción de la palabra griega, Agápē. Significa amar, acariciar, estimar; tener caridad, devoción, respeto, lealtad y preocupación. Rara vez se utiliza fuera de la literatura religiosa, y es más comúnmente utilizada para traducir la palabra hebrea jésed, que significa bondad o misericordia. Ágape es una palabra para describir el amor abnegado, es decir, un amor voluntario o una elección, o decisión, hecha por la voluntad de una persona. Tanto amó Dios (tiempo pasado) que, aun cuando todavía estábamos en nuestro pecado y siendo enemigos rebeldes de Él, Él envió a Su Hijo al mundo para sanarnos de nuestro pecado contra Él. "Mas Dios muestra su amor por nosotros en esto: Siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros" (Romanos 5:8). El pasaje continúa diciendo que Dios amó tanto que dio. El tipo de amor del que estamos hablando da y da de nuevo, incluso hasta que duela, y a todos los hombres en todas partes y naciones del mundo. El motivo de Su dádiva es Su deseo de que nadie perezca y que todos lleguen al arrepentimiento. Si usted alguna vez es tentado a dudar del amor de Dios, entonces mire la cruz de Cristo y vea el juicio de Dios sobre el pecado, pero también vea el Amor de Dios hacia los pecadores que son culpables.

 

Dios ha hecho que el regalo más grande sea recibido con la mayor sencillez, e hizo este regalo disponible para TODOS los que crean. Dios lo ha hecho tan simple que los niños, con una cantidad limitada de conocimiento sobre el tema, pueden recibir el regalo gratuito de la salvación. Él dijo, “ Les aseguro que el que no reciba el reino de Dios como un niño, de ninguna manera entrará en él” (Lucas 18:17). Los niños pueden enseñarnos algunas cosas aquí, porque los niños simplemente creen y confían en lo que sus padres les dicen. Cuando mi hijo era un niño pequeño, apenas capaz de caminar, lo sentaba en un lugar que para él era bastante alto mientras hacía tostadas. Se ponía de pie allí y saltaba a mis brazos, sin temer ni una sola vez que pudiera caerse o incluso mirar hacia abajo para ver lo lejos que estaba el piso. Confiaba en que lo atraparía. Es sólo cuando nos hacemos mayores que queremos entender todo antes de saltar a los brazos de nuestro Padre.

 

part 2  part 2  part 2  part 2  part 2  part 2  part 2  part 2  part 2  part 2  part 2  
part 3  part 3  part 3  part 3  part 3  part 3  part 3 part 3  part 3  part 3  part 3  part 3  part 3  part 3

bottom of page