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4. The Resurrection of the Body

4. La Resurrección del Cuerpo

Cuando tenía 17 años trabajaba en una compañía de cruceros. Se llamaba Avalón y viajaba a Marruecos, visitando Tánger y Casablanca, así como Gibraltar y España. La temperatura era cerca de 100 grados y no había aire acondicionado en las naves. Trabajábamos horario muy largos. Así era mi vida en ese tiempo, trabajando largas horas, seguidas de tiempos de festejos infaltables (yo no fui cristiano hasta algunos años después) Trabajar en un crucero no era un lujo. La peor parte de todo era que yo trabajaba en la cocina y hacia un calor terrible. Teníamos que tomar pastillas de sal a diario, por la excesiva transpiración. La travesía sólo duraba dos semanas, pero parecía mucho más larga debido al trabajo duro. En cierto viaje, recuerdo haber llorado cuando el barco finalmente pasó el Acantilado Blanco (White Cliffs) de Dover, Inglaterra; ¡mi casa estaba a sólo una hora más! Fue un momento especial ¡Mi tiempo en el barco, lejos de mi casa, había sido tan malo que resolví que no viajaría nunca más! (por supuesto que no cumplí esa promesa).

 

Pregunta de introducción: ¿Cuál es tu historia favorita acerca de un regreso a casa? Cuenta una historia que venga a tu mente. ¿Cómo es que regresar a casa nos hace sentir tan bien?

 

Hay una historia sobre una pareja de viejos misioneros, los Morrison, quienes estaban finalmente volviendo a América luego de haber servido al Señor como misioneros en el África. En el mismo barco estaba Teddy Roosevelt, el Presidente de Estados Unidos por ese entonces, quien estaba regresando de un safari por el África. Bandas y desfiles se estaban realizando en New York mientras todo el mundo se dirigía al puerto a darle la bienvenida a Teddy, al tiempo que su trasatlántico atracaba en el puerto. La multitud y la prensa estaban esperando sólo para dar una mirada al feliz retorno de Teddy a casa. Los Morrison se sintieron desanimados ese día al dejar el puerto, pues tenían muy poco dinero, sólo lo suficiente para un simple departamento. Henry se puso algo triste al ver el recibimiento que Teddy Roosevelt estaba recibiendo. Le dijo a su esposa que algo tenía que estar mal, porque ellos habían dejado 40 años de su vida en el trabajo cristiano misionero y a nadie le había importado lo suficiente como para venir al puerto a darles la bienvenida a casa. Su sabia esposa le dijo que pusiera eso en oración delante del Señor. Un momento después él regreso con una centellante sonrisa en su rostro, pues el Señor le había recordado: “Tu no has llegado a casa aún, Henry”.

 

Si alguna vez te sientes cansado de esta vida, recuérdate a ti mismo que: “aún no estás en casa”. De la misma manera, si te sientes complacido a razón de un estilo de vida fácil y pones todos tus recursos y esfuerzos en disfrutar las comodidades de esta vida, piensa en esto: “Esto no es todo. Este no es tu hogar eterno”.

 

¿Qué es lo que esperas cuando piensas en tu hogar eterno en el cielo? ¿Qué es lo que ves y visualizas en tu mente?

 

La Biblia usa diferentes palabras para describir la vida después de la vida: Cielo, Paraíso, Seno de Abraham, Infierno, Hades, Seol, para nombrar algunas.

 

¿Cuál es la diferencia entre Paraíso y Cielo? ¿Y podremos nosotros ver a aquellos que van al Infierno, desde el cielo?

 

En la sección pasada echamos una mirada al pasaje del hombre rico y Lázaro; el hombre rico fue enviado al infierno, mientras Lázaro fue puesto en un lugar diferente, separado del infierno por un gran abismo. Este lugar es llamado en las escrituras “El seno de Abraham” (Lucas 16:22) o “El lado de Abraham” (NIV). Jesús le dijo al ladrón arrepentido, en la cruz, que antes de que el día acabara, ellos estarían juntos en el Paraíso (Lucas 23:43). Cristo dijo, en otro lugar, que El estaría en el corazón de la Tierra por tres días y tres noches (Mateo 12:40) así que El debe haberse estado refiriendo al mismo lugar. La palabra griega traducida como “seno” en la versión Reina- Valera, literalmente quiere decir: “el pecho de una persona”. La figura es la de una fiesta con un banquete, música y una relación muy intima con el pueblo de Dios, tipificado en Lázaro cerca del seno de Abraham, el padre de la fe. En los tiempos del Nuevo Testamento, los amigos comían recostándose unos sobre otros en una larga mesa baja llamada Triclinium, la cual era el lugar de la comida, como se presenta en el cuadro de “La ultima cena”, donde vemos a Juan el apóstol reclinado en el pecho de Jesús (Juan 13: 23-25). ¡Qué hermoso debió ser recostar la cabeza en el pecho de Jesús! ¡Cómo envidio a Juan!

 

Si el paraíso o el cielo son un lugar de gran hermosura y una cercana relación con Dios y los demás, ¿Cómo crees que será?

 

¿A dónde vamos, al Paraíso o al cielo?

La palabra española “paraíso”, del griego Paradeisos, viene del oriente y fue usada por primera vez por el historiador Jenofonte (Xenoføn, Xenophon). Fue usada para describir los parques de los nobles y los reyes persas. Los traductores del Antiguo Testamento usaron esta misma palabra para traducir el pasaje de Génesis 2:8, “Y Jehová Dios planto un huerto en Edén.” El jardín del Edén fue obviamente un lugar sumamente hermoso, y la palabra Paraíso es usada para describir la belleza del cielo. Mientras Lázaro estaba en un lugar llamado “seno de Abraham” es muy probable que no hubiese podido ver al Señor, (para una mejor explicación , lea la tercera lección de Trasfondos de la Eternidad) El profeta Habacuc, hablando acerca de Dios dijo: “Muy limpio eres de ojos para ver el mal, ni puedes ver el agravio;” (Habacuc 1:13) Isaías el profeta confirma lo mismo diciendo “pero vuestras iniquidades han hecho división entre vosotros y vuestro Dios, y vuestros pecados han hecho ocultar de vosotros su rostro para no oír.” (Isaías 59:2) Algunos se han preguntado porque las Escrituras se refieren al “seno de Abraham” y si hay alguna diferencia entre ese lugar y el cielo o paraíso. Personalmente he concluido que mientras el pecado no sea quitado del camino por la muerte de un sustituto, el hombre no puede entrar a la presencia de Dios. Cuando Cristo murió en la cruz, Dios le mostró al hombre que su relación con él fue restaurada cuando rasgó la cortina que lo separaba de Dios en el templo de Jerusalén (Mateo 27:51). Este importante acto simbólico de Dios fue el heraldo de una Nueva Era en la que la relación con Dios fue finalmente restaurada sin ninguna separación entre Dios y el hombre. El asunto del pecado fue resuelto a través de la victoria de Cristo sobre Satanás en la cruz y ahora Dios quiere que nosotros sepamos que la relación con El ha sido restablecida, al rasgar la cortina en el Templo, que separaba al hombre, de Dios. Algunos años después de la muerte de Cristo, el apóstol Pablo reportó haber sido arrebatado al tercer cielo (2 Corintios 12:2) y en el verso 4 lo llama el “paraíso”. Mi conclusión es que los creyentes hoy van al paraíso, que es otra forma de describir el cielo. El camino se ha abierto para nosotros delante de Dios Padre, a través del regalo de la Justificación que fue ganada para nosotros con la muerte sustitutiva de Cristo en la cruz.

 

En cuanto a poder ver a los que están en el infierno, desde los cielos, yo creo que el mundo invisible del infierno será abierto ante nuestros ojos si así lo queremos. Isaías habla proféticamente acerca del final de Satanás en el infierno, con estas palabras:

 

13 Tú que decías en tu corazón: Subiré al cielo; en lo alto, junto a las estrellas de Dios, levantaré mi trono, y en el monte del testimonio me sentaré, a los lados del norte; 14 sobre las alturas de las nubes subiré, y seré semejante al Altisimo.15 Más tú derribado eres hasta el Seol, a los lados del abismo. 16 Se inclinarán hacia ti los que te vean, te contemplarán, diciendo: ¿Es este aquel varón que hacía temblar la tierra, que trastornaba los reinos; 17 que puso el mundo como un desierto, que asoló sus ciudades, que a sus presos nunca abrió la cárcel? (Isaías 14: 13-17 Los énfasis son míos)

 

El versículo 16 del capítulo 14 nos indica claramente que nosotros seremos capaces de mirar a aquel que nos mantuvo cautivos en el pecado, porque él estará en los lados del abismo (v. 15) Este pasaje también concuerda con lo que vimos en la lección tres concerniente a los diferentes niveles en el infierno, en los cuales aquellos que han cometido pecados terribles sufrirán más, en los que se mencionan como “los lados del abismo”. El versículo 16 dice que habrá algunos que observaran y pensaran en el destino de Satanás: “Se inclinarán hacia ti los que te vean, te contemplarán”

Una de las preguntas que he recibido en esta tercera lección es: ¿Cuál es el significado o propósito de recibir un nuevo cuerpo después de que nuestro espíritu haya ido al cielo?

 

En este mundo, nosotros estaríamos incompletos sin un cuerpo físico. Nuestros cuerpos físicos han sido creados por Dios para vivir en la esfera física. Como hemos dicho en secciones previas, nosotros estamos compuestos de cuerpo, alma y espíritu (I Tesalonicenses 5:23). Pablo el apóstol, también nos dice que:

 

Pero yo os digo, hermanos: que la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios, ni la corrupción hereda la incorrupción. (I Corintios 15:50)

 

Yo creo que el plan de Dios para la humanidad redimida, la Iglesia del Dios viviente, es que los santos vivan en el mundo físico tan bien como en el mundo espiritual. El hombre que es nacido de nuevo en el Espíritu de Dios (Juan 3:3); cuando Cristo vuelva y los santos resuciten, aquellos que son de Cristo resucitarán con un cuerpo como el de Cristo. Nosotros seremos capaces de desenvolvernos tanto en el cielo como en la tierra, tal y como Cristo lo hizo durante los 40 días después de su resurrección. Cristo Jesús no dejó su cuerpo en alguna parte de la tierra, el está en el cielo con un cuerpo físico resucitado. ¿No le pasó eso a Enoc, el hombre de Dios? Dios disfrutaba tanto de su compañía que se lo llevó al cielo con su cuerpo físico:

 

Caminó, pues, Enoc con Dios, y desapareció, porque le llevo Dios. (Genesis 5:24)

 

Se nos dice lo mismo de Elías, el hombre de Dios; el también fue arrebatado al cielo vestido con su cuerpo físico (2 Reyes 2:11) Algunos piensan que Enoc y Elías son los dos testigos que se mencionan en el libro del Apocalipsis, denunciando el pecado del mundo (Apocalipsis 11:3). Estos dos individuos tienen aun que morir una vez, así que es posible que ellos vengan del cielo a testificar de la gracia de Dios y entonces son asesinados. Por supuesto, después de tres días y medio Dios los levantará de la tumba aumentando así la ira del Anticristo (Apocalipsis 11:11)

Tenemos la tendencia a desestimar grandemente lo que Dios ha hecho por nosotros en el nuevo nacimiento. Si, nuestros cuerpos mortales están en decadencia, pero vivir la vida con esos cuerpos en decadencia es vivir la vida que Dios nos ha dado, si somos cristianos.

 

La vida de Dios mostrada en nuestros corazones

La Biblia es muy clara cuando dice:

 

El que tiene al hijo, tiene la vida; el que no tiene al hijo de Dios no tiene la vida.”(I Juan 5:12)

El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia.” (Juan 10:10 Los énfasis son míos)

 

¿Cómo le explicarías lo que la escritura te dice en estos pasajes a tu hijo de diez años?

 

¿Qué es lo que Jesús quería decir cuando dijo que El vino a darnos vida? Si El ha venido a darnos vida, ¿qué es lo que la gente tenía entones cuando estaban escuchando estas palabras? La audiencia estaba obviamente viva; algunos simplemente, no estaban vivos para Dios, y si uno no está vivo para Dios, está, como la Biblia lo llama, “muerto” (Efesios 2:1; Colosenses 2:13). Sin la perdurable vida de Cristo en nosotros, realmente no tenemos la vida que Dios planeó para nosotros. En el primer pasaje mencionado, el apóstol Juan no está hablando solamente de la vida física. Todos tenemos esa clase de vida física. Lo que él está diciendo es que cuando alguien recibe a Cristo, recibe también algo de la vida de Dios. Jesús nos dice que su misión en la tierra es la de darnos su vida:

 

La palabra griega que es traducida como “vida” en los pasajes anteriores de la escritura, es la palabra zoe. Significa “vivir”. Mi estudio de palabras claves dice acerca de esta en particular:

 

Es de alguna manera un término metafísico que denota la misma fuerza de la vida, el principio vital por el que viven los seres vivientes. Zoe es usada más en conexión con la vida eterna. Esta es la verdadera vida de Dios de la cual los creyentes han venido a ser partícipes.”

 

Algunas personas no gustan de la idea de que vamos a vivir en un cuerpo físico sobre una nueva tierra (Apocalipsis 21:1) Ellos sólo quieren vivir en el cielo. Se olvidan de que al final de los tiempos, cuando Cristo regrese, habrá una resurrección de los cuerpos de aquellos que le pertenecen. El resto de los muertos no serán resucitados sino hasta el final de los mil años, en el momento del juicio del Gran Trono Blanco (Apocalipsis 20:11) En la resurrección de los santos (aquellos que han dado sus vidas a Cristo y han caminado con El), nosotros seremos vestidos con un cuerpo físico resucitado similar al de Cristo cuando resucito. Habrá cierta continuidad, en la que seremos reconocibles, pero estamos hablando de cuerpo que será imperecedero, un cuerpo que es levantado con la gloria de Dios brillando desde nosotros. Miremos lo que Pablo el apóstol enseñó concerniente a este tema en su primera carta a los Corintios:

 

(I Corintios 15: 35 – 57) 35 Pero dirá alguno: ¿Cómo resucitaran los muertos? ¿Con qué cuerpo vendrán? 36 Necio, lo que tú siembras no se vivifica, si no muere antes. 37 Y lo que siembras no es el cuerpo que ha de salir, sino el grano desnudo, ya sea de trigo o de otro grano; 38 pero Dios le da el cuerpo como él quiso, y a cada semilla su propio cuerpo. 39 No toda carne es la misma carne, sino que una carne es la de los hombres, otra carne la de las bestias, otra la de los peces, y otra la de las aves 40 Y hay cuerpos celestiales, y cuerpos terrenales; pero una es la gloria de los celestiales, y otra la de los terrenales. 41 Una es la gloria del sol, otra la gloria de la luna, y otra la gloria de las estrellas, pues una estrella es diferente de otra en gloria. 42 Así también es la resurrección de los muertos. Se siembra en corrupción, resucitara en incorrupción. 43 Se siembra en deshonra, resucitara en gloria; se siembra en debilidad, resucitará en poder.

 

44 Se siembra cuerpo animal, resucitará cuerpo espiritual. Hay cuerpo animal, y hay cuerpo espiritual. 45 Así también está escrito: Fue hecho el primer hombre Adán alma viviente; el postrer Adán, espíritu vivificante. 46 Mas lo espiritual no es primero, sino lo animal; luego lo espiritual. 47 El primer hombre es de la tierra, terrenal; el segundo hombre, que es el Señor, es del cielo. 48 Cual el terrenal, tales también los terrenales; y cual el celestial, tales también los celestiales. 49 Y así como hemos traído la imagen de lo terrenal, traeremos también la imagen del celestial. 50 Pero esto digo, hermanos: que la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios, ni la corrupción hereda la incorrupción. 51 He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos; pero todos seremos transformados, 52 en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocara la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados. 53 Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad. 54 Y cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte en victoria. 55 ¿Dónde esta, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria? 56 ya que el aguijón de la muerte es el pecado, y el poder del pecado, la ley. 57 Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo.

 

¿Qué parte de este pasaje sobresale para ti? Compartan sus pensamientos acerca de ¿Cómo piensan que será este nuevo cuerpo?

 

La semilla de vida

La primera cosa a la que quiero dirigir su atención es hacia el hecho de que el nuevo cuerpo que tendremos vendrá de una semilla. Cuando vamos a un vivero, muchas veces vamos a comprar plantas que podamos plantar en nuestros jardines o patios. Esa no era la manera en que se hacía en el antiguo Israel. Las plantas venían de las semillas. Aun hoy, los agricultores comerciales no plantan pequeñas plantas esperando que crezcan y se conviertan en grandes plantas que den frutos; ellos plantan semillas, como el trigo (v 37) o el maíz. Pablo dice que es Dios el que determina lo que será la semilla cuando crezca (v38). El dice que hay diferentes clases de seres vivos en el planeta tierra: hombres, animales, aves y peces. Todas estas criaturas físicas que han nacido en la tierra, lo han hecho de una semilla. Pablo hace dos diferentes analogías cuando habla de una semilla:

 

  1. Nuestro cuerpo resucitado va a ser capaz de ser reconocido en alguna forma como quienes somos. El dice: 37 Y lo que siembras no es el cuerpo que ha de salir, sino el grano desnudo, ya sea de trigo o de otro grano. En la semilla está el ADN del cuerpo físico en el que a de convertirse.

Las naranjas no crecen de las semillas de manzanas, los monos no se convierten en personas (www.drdino.com, www.creation.com). Hay una continuidad de vida que comparten la semilla y el cuerpo en el que se transforma. Nuestro cuerpo celestial resucitado va a ser, de alguna forma, como nuestro cuerpo terrenal. Nos vamos a reconocer unos a otros en nuestros cuerpos resucitados.

  1. Hemos recibido una semilla del Señor Jesucristo, la cual está creciendo en nosotros. Es la semilla zoe de vida, que fue plantada en nosotros cuando recibimos a Cristo. Esta no es para nada una semilla física, es una semilla que ha sido sembrada desde el cielo. De seguro esto es lo que Jesús quiso decir cuando dijo: Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia’’ (Juan 10:10; los énfasis son míos). El crecimiento de esta semilla no será visto hasta la resurrección de los santos en la segunda venida de Jesús. “Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es.” (I Juan 3:2; los énfasis son míos)

     

¿Cómo es que esta semilla espiritual del Señor Jesús viene a estar en nosotros? Esto nos permite apreciar mejor la parábola del Sembrador porque Jesús dijo, “Esta es, pues, la parábola: La semilla es la palabra de Dios. “ (Lucas 8: 11). Hay algo muy poderoso acerca de la Palabra de Dios que cambia nuestras vidas. El escritor de Hebreos dice: “Porque la palabra de Dios es viva y eficaz,…” (Hebreos 4:12)

 

¿Qué es lo que el autor de la carta a los Hebreos está buscando comunicar con la oración anterior?

 

Pues habéis nacido de nuevo, no de una simiente corruptible, sino de una que es incorruptible, es decir, mediante la palabra de Dios que vive y permanence.” (I Pedro 1: 23; los énfasis son míos)

 

Yo no entiendo cómo ‘palabras’ pueden ser ‘semillas’, pero no tengo dudas del poder de las palabras. Dios pronuncio sus palabras y el mundo fue creado. Dios dijo: “Sea la luz,…” y hubo luz (Génesis 1: 3). Satanás odia la Palabra de Dios tanto como odia a los cristianos orando. Hay un tremendo poder en la palabra hablada por Dios. Así como nuestros cuerpos físico fueron heredados de Adán y así somos como él, de la misma manera seremos como el ultimo Adán, el Señor Jesucristo, en la resurrección. 49 Y así como hemos traído la imagen del terrenal, traeremos también la imagen del celestial “(I Corintios 15:49; los énfasis son míos) El Señor Jesús vino a dar su vida como una semilla espiritual. Juan, el apóstol, lleva estos pensamientos más allá:

 

20 Había ciertos griegos entre los que habían subido a adorar en la fiesta. 21 Estos, pues, se acercaron a Felipe, que era de Betsaida de Galilea, y le rogaron, diciendo: Señor, quisiéramos ver a Jesús. 22 Felipe fue y se lo dijo a Andrés; entonces Andrés y Felipe se lo dijeron a Jesús. 23 Jesús les respondió diciendo: Ha llegado la hora par que el Hijo del Hombre sea glorificado. 24 De cierto, de cierto os digo, que si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto. 25 El que ama su vida, la perderá; y el que aborrece su vida en este mundo, para vida eterna la guardará. 26 Si alguno me sirve, sígame: y donde yo estuviere, allí también estará mi servidor. Si alguno me sirviere, mi Padre le honrará.” (Juan 12: 20 – 26)

 

¿A qué se estaría refiriendo Jesús al hablar de la semilla de trigo cayendo en el suelo y muriéndose?

 

Primeramente Jesús está hablando de El mismo al decir que El sería una semilla que seria sembrada para que muchas vidas reciban de su vida. Pero El también está hablando del discípulo maduro que va a dar su vida para que otros puedan oír. Si yo tomo un grano de trigo en mis manos y quiero que se reproduzca, voy a tener que sembrarla en el suelo. Va a necesitar algo de humedad, una buena tierra y algo de calor. ¡Dios es bueno, al calentar el fuego en nuestras vidas! Al morir a nosotros mismos, hay una ruptura que ocurre hacia afuera de la semilla (Salmo 51: 17) y la vida de adentro de la semilla, sale hacia afuera. Esta enviará hacia abajo sus raíces y un brote ira hacia arriba. La semilla de hecho se romperá para dejar salir la vida que está dentro de ella. Esta vida que está en nosotros, es la vida de Cristo. Pablo hablo a los creyentes de Colosas acerca de un gran misterio que había sido escondido por siglos y generaciones:

 

26 el misterio que había estado oculto desde los siglos y edades, pero que ahora ha sido manifestado a los santos, 27a quienes Dios quiso dar a conocer las riquezas de la gloria de este misterio entre los gentiles; que es Cristo en vosotros, la esperanza de gloria,” (Colosenses 1: 26 y 27)

 

La vida espiritual solo se reproduce con la muerte de una semilla plantada; el Señor Jesucristo fue la semilla espiritual del cielo que es plantada en nuestros corazones y que crece mas y mas, transformándonos a su imagen, como dice la escritura: “de gloria en gloria” (2 Corintios 3:18). El cuerpo resucitado tendrá la gloria de Cristo descansando en el. Esto es de lo que Pablo está hablando en nuestro pasaje principal acerca del cuerpo resucitado (1 Corintios 15: 35 – 57). El habla acerca de Adán, el primer hombre, siendo la semilla viviente de quien todos tomamos su imagen. Entonces él dice que el “último Adán” (Cristo) es un espíritu que da vida (v.45). Pablo ya ha dicho anteriormente que lo que pasó con Adán, pasó también con todos nosotros. Adán fue la representación de todos nosotros porque él fue la cabeza de toda la raza humana. Puede no ser justo para ti que toda su descendencia heredara su naturaleza de pecado. La vida de esa semilla, la naturaleza pecadora de Adán, fue pasada a todos nosotros. Estábamos perdidos en nuestros pecados desde entonces. Pero Dios mismo se convirtió en la cabeza principal (federal) de todos aquellos que han recibido su perdón absoluto. De esta manera, Dios trae su vida divina a través de otra semilla, una que es perfecta y libre de pecado. “Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados.” (I Corintios 15: 22) Así como Adán nos dio su naturaleza pecadora, Cristo también nos da esta semilla de nueva vida plantada en nuestros corazones. ¡El vino a darnos vida!

 

De manera similar, cada uno de nosotros puede ser una semilla espiritual que muere a sí misma para que otros también puedan recibir vida. Somos llamados a morir a nosotros mismos y tomar la cruz de Cristo. Es por eso que Pablo puede decir: “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mi; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.” (Gálatas 2: 20) El fruto de nuestra vida llega cuando ponemos a morir áreas de nuestras vidas que aún no han sido cedidas en obediencia al Espíritu.

 

Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros: fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia, que es idolatría” (Colosenses 3:5)


¿Qué áreas de tu naturaleza terrenal (esa que heredamos de Adán) pelea constantemente con tu naturaleza heredada de Cristo?

 

Pablo llama a Cristo: “El último Adán”, así que no esperamos un tercero, como dicen los musulmanes, al afirmar que Mahoma fue el siguiente profeta. ¡Esa es una mentira! No hay otro nombre que haya sido dado a los hombres por el cual podamos ser salvos (Hechos 4:12)

 

Nosotros seremos cambiados

Todo lo que está oculto, algún día será revelado. No será lo mismo con nuestra vieja naturaleza; Pablo dice que la sangre y la carne no pueden heredar el reino de los cielos (v 50). No será más perecedero sino imperecedero (incorruptible) (v 53). No todos dormiremos (no todos los cristianos serán separados de sus cuerpos) habrá algunos que serán transformados instantáneamente sin pasar por el proceso de la muerte. Cuando Cristo venga, en carne, en un abrir y cerrar de ojos, nosotros seremos transformados de tener un cuerpo perecedero a ser vestidos con uno iicorruptible (v. 51 – 52)

 

“… el Señor Jesucristo; 21 el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder por el cual puede también sujetar a asimismo todas las cosas.” (Filipenses 3: 20 – 21; el énfasis es mío)

 

La palabra que es traducida “transformará”, es la palabra griega: Metaschēmatizō. Es la construcción de dos palabras griegas. Meta significa un cambio de lugar o condición y schēma significa forma o forma externa. Transformar, cambiar la forma externa o apariencia de algo, modernizar, rediseñar.2


¿Qué crees que quiere decir: tener un cuerpo incorruptible? (I Corintios 15: 42) ¿Qué crees que seremos capaces de hacer que no hemos sido capaces de hacer hasta ese punto?

 

Un cuerpo incorrupto (imperecedero) significa que no va a envejecer o enfermarse. Nuestros cuerpos van a ser gloriosos todo el tiempo. Siempre tendrás las fuerzas de la juventud y la belleza radiante con la gloria de Dios irradiando desde ti mismo. Yo creo que así como Jesús atravesó las paredes del aposento alto cuando la puerta estaba asegurada por temor a los judíos (Juan 20: 19), nosotros también vamos a ser capaces de atravesar paredes y viajar instantáneamente, sin las barreras del área física.

 

¿Recibiremos nuestros cuerpos resucitados cuando muramos?

Wayne Grudem en su libro Teología Sistemática tiene algo interesante que decir al respecto de este tópico:

Pablo explica más adelante en I Tesalonicenses que, las almas de aquellos que han muerto han ido a estar con Cristo, van a regresar y serán unidas en su cuerpo en ese día, porque Cristo los va a traer consigo: “Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron con el.” (I Tesalonicenses 4:14). Pero aquí Pablo afirma no solamente que Dios traerá con Cristo a los que murieron; él también afirma que “… los muertos en Cristo resucitarán primero.” (I Tesalonicenses 4: 16). Así que esos creyentes que han muerto con Cristo serán también resucitados para encontrarse con Cristo (Pablo dice en el versículo 17: “… nosotros… seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire,…”). Esto solamente tiene sentido si son las almas de los creyentes que se han ido a la presencia de Cristo quienes retornen con él, y si son sus cuerpos los que sean levantados de la muerte para unirse con sus almas, y luego ascender con Cristo.”

 

Pablo dice que será como el cuerpo glorioso de Cristo (Filipenses 3: 21). Esta radiación que nos acompañara será dos cosas: autoritativa y hermosa. Jesús dice que: “… los justos resplandecerán como el sol en el reino de su Padre.” (Mateo 13:43; los énfasis son míos). Aquellos que están en Cristo van a imponer respeto, pero será un respeto que nace de la sabiduría que viene de arriba. Habrá una gentileza y gozo que serán nuestros. También habrá un cuerpo poderoso (I Corintios 15:43). Yo no creo que esto esté hablando solamente de fuerza, aunque también será parte de este. Yo creo que tendremos el poder y autoridad exactamente como la que Jesús tenía y tiene para obrar milagros. Nosotros podremos ejercitar un nuevo nivel de poder a través de la palabra de fe pronunciada, igual a Jesús.
 

El podrá confiarnos ese poder porque nosotros habremos sido tratados a través de nuestras experiencias diarias y El habrá visto que puede confiar en nosotros. Nuestros cuerpos serán resucitados y veremos Su rostro y seremos transformados a su Imagen. El profeta Daniel también habla de ese momento de esta manera:

 

1En aquel tiempo se levantará Miguel, el gran príncipe que vela sobre los hijos de tu pueblo. Será un tiempo de angustia cual nunca hubo desde que existen las naciones hasta entonces; y en ese tiempo tu pueblo será librado, todos los que se encuentren inscritos en el libro. 2Y muchos de los que duermen en el polvo de la tierra despertarán, unos para la vida eterna, y otros para la ignominia, para el desprecio eterno. 3Los entendidos brillarán como el resplandor del firmamento, y los que guiaron a muchos a la justicia, como las estrellas, por siempre jamás.. 4Pero tú, Daniel, guarda en secreto estas palabras y sella el libro hasta el tiempo del fin. Muchos correrán de aquí para allá, y el conocimiento aumentará.” (Daniel 12: 1-4)

 

Daniel dice que esto sucederá en un tiempo cuando habrá una angustia como nunca antes. Pero en ese tiempo, todos aquellos cuyos nombres estén escritos en el Libro de Dios – serán rescatados. En la segunda sesión: “Preparándonos para la eternidad”, dijimos que la única cosa que podemos llevar al cielo es otra gente, aquí en este pasaje se nos dice que aquellos que invierten sus vidas en tocar las vidas de los otros para Cristo, serán como las estrellas, por siempre y siempre. Yo no sé qué significa eso, pero de seguro me suena como un premio para el cual yo quisiera invertir mi tiempo, energías y dinero. Eso que Dios ha estado haciendo en ti y a través de ti, será finalmente conocido y será glorioso; la crisálida de este viejo cuerpo decadente será puesta en un cuerpo inmortal, exactamente igual al de nuestro Señor. ¡Será el tiempo de volver a casa! ¡El día de nuestra Graduación, finalmente!

 

Oración: Señor, gracias por preparar un lugar para nosotros. Gracias por el regalo de vida que viniste a darnos. Permite que tu luz brille en nosotros cada vez más. Amén.

 

Esta clase fue escrita por el pastor Keith Thomas, traducida por Elena Amoretti-Ranilla y revisada por Gustavo Vargas.

 

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